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Comer es quizás uno de los placeres que más disfrutamos en la vida, pero hay algunas comidas que nos exigen ser parte de un verdadero ritual. Es el caso de los calçots, esas cebollas alargadas se disfrutan a lo largo y ancho de Cataluña, mientras acaba el invierno y comienza la primavera. Comerlos no solo significa disfrutar de su inigualable sabor ahumado sino también posicionarse para hacerlo: ponerse un babero, cogerlo con las manos, que de inmediato se manchan de ceniza, comerlo alzando la vista y disfrutar de la unión de su dulzura acuosa con la salsa de almendras, tomate y ñoras.

Historia de los calçots

Valls es un pueblo de la provincia de Tarragona conocido por ser el epicentro del cultivo de los mejores calçots de Cataluña, que ya están protegidos por la denominación de origen. Allí se producen y consumen, acompañados por el viento invernal, estas cebollas de entre 15 y 25 cm de largo que son esperadas ansiosamente por lugareños y turistas, mientras se asan a llama viva y debajo de sus capas negras, quemadas por el fuego, se descubre su ternura. Sin embargo, el exquisito sabor de los calçots ya se ha descubierto desde hace mucho tiempo en toda Cataluña e, incluso, en el resto de España, y su historia, que según cuentan, fue parte del error de un campesino al que se le quemaron los calçots que había cosechado, se ha convertido en un verdadero deleite.

¿Y si no queremos ir al campo?

En época de calçots famosas son esas reuniones (calçotadas) a las que asisten familiares y amigos para, entre alimentos y vino o cava, degustar los mejores productos que sobre las brasas comienzan a desprender el máximo de su sabor. Pero no hace falta recorrer grandes distancias para disfrutar del verdadero placer de un calçot que nos llevará con su sabor particular a pensar que el viento nos traslada a un campo abierto lleno de árboles, pues la ciudad condal ofrece variadas opciones para reproducir una calçotada con todas las de la ley.

Can Travi Nou – Foto vía Facebook del restaurante

¿Dónde comer calçots en Barcelona?

Can Travi Nou

Si la idea disfrutar de la experiencia con la mayor exactitud y el presupuesto lo permite, este restaurante ofrece una auténtica masía urbana del siglo XVIII para hacer una verdadera calçotada sin abandonar la urbe. Después de una entrada que nos permite probar el mejor atún de la ciudad, aparecen los calçots, las carnes, las cocas y los postres con verdadero sabor catalán. El menú vale 40,85€.

Dirección: calle Jorge Manrique, s/n. Horta-Guinardó, Barcelona.

Calçots en El Jardí de L’Àpat – Foto via Facebook del restaurante

El jardí de l’àpat

Cuando de comer verdadera cocina catalana y degustar calçots a cuerpo de rey se trata, este restaurante es la mejor opción para los paladares más exigentes y los bolsillos más generosos. Con vistas que permiten recorrer el parque del Carmel, El jardí de l’àpat ofrece en su carta un menú que por 32€ permite probar una teja de calçots a los que acompañará una parrillada de carne, butifarra y cordero que junto con patatas, judías y alcachofas harán de la comida una experiencia difícil de olvidar. 

Dirección: calle Albert Llanas, 2, en Horta-Guinardó, Barcelona.

Melic del Gòtic – Foto GrupFerré

Melic del Gòtic

Este restaurant es especialista en brasas y su carta es prueba fiel de ello. A pesar de no ofrecer un menú al completo como si estuviésemos en una mítica calçotada, podemos disfrutar de su ración de exquisitos y generosos calçots (por solo 12€) y dejarnos llevar por cualquiera de sus numerosas opciones de carnes cocinadas al carbón que sin duda deben acompañarse por sus guarniciones que, al igual que los vinos que ofrecen, son productos de la más representativa dieta mediterránea. Además, el ambiente que al llegar logran sus muros, el último recuerdo que queda del monasterio de Montsió, es incomparable.

Dirección: calle Montsió, 7. Barcelona.

Can Vador | Fotografía vía Facebook del restaurante

Can Vador

La carta de Can Vador da cuenta de una oferta que no pretende más que ajustarse a la tradición de la comida catalana, por eso su menú de calçots es uno de los más clásicos de la ciudad: calçots con romesco, cordero o ternera para continuar y una buena crema catalana para terminar. Así, por 35€, esta clásica opción se encuentra al alcance de todos.

Dirección: Diputació, 357, Barcelona.

Un plato de calçots con salsa romesco en Disbarat | Foto: Facebook del restaurante

Disbarat

Ubicado en el muy visitado barrio de Gràcia, Disbarat es una opción para quienes buscan un lugar cálido donde sentirse como si estuviesen comiendo en el salón de la casa de unos buenos amigos. Su opción para reproducir una calçotada incluye, por solo 28€, a los protagonistas de la comida que serán acompañados por un segundo que incluye butifarra, cordero, ternera o bacalao, para terminar con el ya reconocido “mel y mató” catalán. 

Dirección: calle Montseny, 14. Barcelona.

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