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La palabra gentrificación en español tiene su origen en la inglesa gentrification y originalmente se usaba en los medios académicos para definir el fenómeno que supone el desplazamiento progresivo de la población original de una determinada zona, normalmente en los centros urbanos, para dejar lugar a nuevos habitantes con más poder adquisitivo.

Con el tiempo el término se ha ido generalizando en otros contextos y actualmente también se habla de gentrifiación rural, estudiantil o turística.

La masificación turística conlleva un proceso que supone la desaparición de los antiguos habitantes de los centros de las ciudades debido al aumento del precio de la vivienda, y el cambio en el modelo de comercio de proximidad y la economía de servicios que pasan a estar dedicados prácticamente en exclusivo a los visitantes. Los centros urbanos afectados pasan a ser un especie de decorado cinematográfico deshumanizado por el cual desfilan hordas de turistas, muchas veces organizados en grandes grupos “descargados” por cruceros y autobuses.

Existen algunos destinos consolidados como Londres, Venecia, París o Barcelona que hace años que sufren este fenómeno. En la capital británica son conocidos los precios imposibles de los alquileres en la llamada zona 1 del Metro, donde se encuentran la mayoría de atracciones turísticas y en el caso de Venecia hace tiempo que se baraja la posibilidad de limitar el número de visitantes diarios. Destinos como las Islas Canarias o Formentera también se plantean adoptar medidas similares.

En el barrio de la Barceloneta en Barcelona, uno de los más afectados por el llamado turismo de borrachera, debido a su cercanía con la Rambla y la playa; las tensiones provocadas por el exceso de turistas provocó una serie de manifestaciones espontáneas de los vecinos en el mes de agosto de 2014 que obligó a la mediación por parte de Ayuntamiento y el precinto urgente de pisos turísticos ilegales. Este año se volvió viral el vídeo de una performance cultural donde un habitante del barrio ataca con un libro a varios turistas.

En los últimos años, la aparición de las compañías de aviación de bajo coste, los portales y aplicaciones para alquilar alojamiento así como la progresiva sustitución de un mes seguido de vacaciones en verano por varios periodos cortos a lo largo del año han favorecido la búsqueda de nuevos destinos secundarios para pequeñas escapadas de fin de semana o puentes, provocando una nueva oleada de gentrificación turística en estas ciudades.

En uno de estos nuevos destinos, Oporto, donde el número de turistas crece de manera exponencial año tras año, se encuentra la librería Lello & Irmãos, uno de los exlibris de la ciudad. Conocida por su bella decoración neo gótica y por ser una de las supuestas fuentes de inspiración de J. K. Rowling para describir el Colegio Hogwarts de la saga Harry Potter, este año sus propietarios han decidido cobrar una entrada y limitar el número de visitas ante la afluencia masiva de turistas que llenaban el espacio y la consecuente desaparición de los clientes locales.

Pero ante la posibilidad de considerar el “turismo” como un mal per se, estereotiparlo y llegar a la paradoja de los turistas que se quejan que el destino que han escogido es demasiado “turístico” sería oportuno diferenciar entre modelos turísticos y los procesos de gentrificación que provocan.

Modelos de turismo, pros y contra

Quizá el modelo turístico más peligroso para la masificación sea el representado por el de los cruceros y el de las agencias de turismo tradicionales. Este, mueve grandes grupos que pasan muy poco tiempo en los locales que visitan y negocian precios a la baja, lo que normalmente supone una disminución de la calidad en los servicios. Las zonas más próximas de los locales de “desembarque” se convierten en verdaderas “trampas para turistas” con precios hiperflacionados y llenas de tiendas de souvenirs clónicas y cuyos productos muchas veces ni siquiera están relacionados con el destino, como el ya clásico sombrero mejicano vendido en las Ramblas de Barcelona.

El “beneficio” que suponen estos turistas se queda en las manos de grandes grupos que controlan toda la cadena de turismo de los pasajeros durante su estadía: a dónde van, dónde comen, qué tour usan, y a veces, hasta dónde compran los souvenirs. Normalmente ofrecen malas condiciones a los trabajadores y proveedores como forma de maximizar la rentabilidad. Ciudades como Venecia, Barcelona o Lisboa pueden llegar a recibir “descargas” de millares de visitantes en un único día. Este modelo, más deshumanizado, se encuentra cada vez más cuestionado por el desgaste que supone en relación a los beneficios económicos reales que aporta.

El otro modelo estaría representado por la revolución en la forma de viajar que ha supuesto Internet a nivel de la contratación de servicios y que permite que negocios a escala más pequeña se beneficien a su vez del turismo. Portales con Booking o Airbnb sirven para encontrar alojamiento a la medida de cada visitante eliminando intermediarios. Este turismo más independiente no siempre se aloja en grandes hoteles y se dispersa por la ciudad en diferentes tipos de transporte y alojamiento, lo que evita el desembarque masivo en simultaneo.

Los blogs, guías online y plataformas como Trip Advisor o Zomato permiten optar por diferentes tipos de propuestas que no se encuentran concentrados en un único sitio evitando en parte las zonas ocupadas por el otro modelo. En general se buscan experiencias menos estandarizadas y hay más interés por la cultura y los productos locales (via el consumo colaborativo). Se trata, en definitiva, de un turismo más informado y menos dirigido que implica una mayor repartición del beneficio económico que supone. Aunque, como hemos visto en el caso de Oporto, no siempre evita que se sigan produciendo ciertos fenómenos de saturación.

En este momento algunas ciudades apuestan por un turismo menos masificado y la regulación con medidas como la limitación del número de hoteles o pisos turísticos y mayor control de las licencias comerciales.

Es posible que a través de estas medidas se consiga un modelo de coexistencia entre turismo y los habitantes locales, pero la gentrifiación de los centros de algunos destinos turísticos parece ser ya un fenómeno irreversible.

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